La obra de Mark Ryden, ilustrador y pintor norteamericano, bien podría definirse como un surrealismo pop ligeramente perverso. Graduado en 1987 en el Art Center College of Design en Pasadena, ha forjado un estilo muy particular donde lo que parece a primera vista un idílico mundo infantil, se muestra al verlo atentamente como algo retorcido y perverso.
Hasta podría decirse que ese estilo naif es el camuflaje perfecto para un mundo que oculta secretos temibles.
De hecho, en varios blogs han mencionado sus trabajos como "evocaciones de Alicia en el Pais de las Maravillas" pero que agregan un toque oscuro y perturbador. Y tienen razón (obviando por supuesto que Alicia en el Pais de las Maravillas ya es de por sí, un libro repleto de imagenes perturbadoras... si nos olvidamos de la version pasteurizada de Disney)
Así, a las imagenes de niñas con aire inocente y ojos enormes (más parecidas a muñecas) se le agregan animales, objetos extraños, instrumental médico, heridas, carne, simbolos religiosos... Incluso la aparicion de personajes como Jesus o Abraham Lincoln forman parte de los elementos habituales en vario de sus cuadros. "Me interesa cómo la gente interpreta estas cosas. Si explicara a que se debe la presencia de cada una, el arte perdería su misterio" declaró en una entrevista. Tiene razón, un mago no explica sus trucos.
Sus obras no suelen ser demasiado grandes. Poco más de un metro cuadrado como mucho, hasta miniaturas de 10 cm cuadrados, lo cierto es que Mr Ryden tiene su momento de gloria desde hace un tiempo y sus trabajos han sido comprados por famosos como Ringo Starr, Jane Fonda... Ha diseñado tapas de discos (Red Hot Chili Pepper , Oingo Boingo, Michael Jackson). La vida le sonríe, él la pinta con una sonrisa entre inocente y macabra... Y yo la disfruto
El foro Salgan al sol (SAS, desde ahora) organiza su concurso "Rolero de Hierro 2009". ¿Que es esto? Pues simple. SAS es un foro de rol donde no solo se habla de él, sino tambien del desarrollo de juegos de rol. Como bien lo dicen en su pagina, "Un laboratorio donde experimentar, probar, y crear una nueva generación de juegos de rol en castellano". Y eso a través del intercambio de ideas, comentarios sobre los juegos interesantes que van saliendo, del feedback entre los integrantes a la hora de crear nuevos juegos de rol... El Rolero de Hierro es un concurso en el cual los participantes deben crear un juego de rol completo en el período de una semana, respetando las restricciones y limitaciones impuestas por los organizadores. En su primera convocatoria, en febrero del 2008, se presentaron 9 juegos de rol.
En esta, aun está por verse... Por el momento, las limitaciones se ven más que interesantes. Locas algunas, si... pero por supuesto, solo son disparadores para la creatividad de quienes se presenten. ¿Crear un juego que pueda jugarse en la oscuridad? ¿Uno que pueda jugarse con fuego?
Me encantan los juegos de rol (aunque no soy un experto en la "teoría" ni mucho menos) Y me encanta la idea de experimentar con algo diferente de lo que estoy acostumbrado. Y es precisamente esa la idea de foros como SAS, un vistazo a juegos fuera del mainstream, a juegos que no temen replantearse cosas sobre el armado de personajes, los derechos de narración, los objetivos del juego...
Participaré? La verdad es que no tengo la más mínima idea :P Pero podría hacer el intento (alguna vez "casi" lo hice... será cuestión de ver si esta vez puedo vencer a la inercia)
Acá dejo los enlaces al foro de diseño Salgan al sol donde se pueden descargar gratuitamente los 9 juegos del concurso anterior y además, Donjon y La Sombra del Ayer, dos juegos de Clinton R Nixon que han sido traducidos por algunos miembros de SAS y que han dado de qué hablar en la comunidad rolera.
Y en cuanto al concurso: en este enlace se pueden encontrar info, bases y condiciones. Participe o no... voy a estar siguiendolos
El Ferrari se estacionó preciso, milimetricamente exacto, en el espacio reservado exclusivamente para él en el Hilton. El motor resuena como el aliento de una bestia salvaje que no ha sido exigida hoy. Cuando el conductor baja, la Seguridad del hotel lo espera a un par de metros de distancia. La mantendrán en todo momento en los pocos metros que lo separan del elevador. El celular suena y al mirar la pequeña pantalla, se sonríe. El mensaje es corto y preciso: "Tienes un regalo. Vick". Su socio está feliz. Tiene motivos: todo ha salido bien. Poco tardarán en ser doce millones más ricos. La ciudad? Tendrá blanca de primera categoría. El hombre de traje a medida, toma solo el ascensor hacia el penthouse del hotel. Mientras sube, silencioso, se afloja la corbata de seda y saca los gemelos de oro de los puños. El frenar es imperceptible. Solo un sonido electrónico anuncia la llegada y luego, las puertas se abren. Frente a él, la enorme sala de estar. La mesa de billar, el bar en un costado, el jacuzzi, los grandes sillones tapizados en cuero. Pero sus ojos no se despegan de la rubia que está poniendose de pie. La comisura de esos labios perfectos se curvan en una sonrisa sensual y cada paso al avanzar hacia él, convierte al ajustado vestido de noche en la última puerta al paraíso. Cuando la muchacha de ojos verdes habla, su voz es dulcísima.
-Buenas noches, Michael...-
Eran casi las 5 de la mañana cuando llegó. El timbre de la puerta no cesaba de sonar una y otra vez y luego, como si no fuera suficiente, se agregaron los golpes de puño. Sophia caminaba hacia la puerta, semidesnuda, envolviendose en una bata raída, la cara contraída por el efecto de las drogas. La miro ir... Todo el edificio parece moverse, como si fuera él quien acercara el picaporte a su mano. Los sonidos parecen llegar de muy lejos, pero mi vista no me engaña. Cuando la puerta se abre, veo a Alison y sé que los problemas llegan. El rubio pelo enmarañado, las ropas sueltas, rotas. Sus ojos enloquecidos me buscan, los dedos se aferran al brazo de Sophia, clavandose en él e ignorando el gesto de dolor. Tiene un golpe en la boca... - Me violaron...
Michael la miró. En realidad, no había podido despegar sus ojos de ella, siguiendo no solo las curvas de su cuerpo perfecto, sino el largo cuello, la cara de piel suave y labios delicados. Lo supo en el acto. Nunca podría tener a su disposición a alguien mejor. Buenas amantes? podría apostarlo! Pero nunca alguien como ella. No más hermosa, ni más deseable, ni más...perfecta. Caminaba hacia él con la gracia de una gata. Una mezcla perfecta de sensualidad y desenfado. La voz era como una caricia sutil a lo largo de su espalda. - Soy Alison...- Los ojos verdes se clavaron profundamente en los del hombre, que impactado aun, sonrió nerviosamente.-...pero puedes llamarme como desées...
Sobre el piso de madera, en posición fetal, sus dedos trataban de aferrarse a la madera, raspándola con las uñas. Comenzamos a rodearla. Miré a Sophia, a mi lado. La bata entreabierta dejaba ver uno de sus pechos y acomodé la tela pudorosamente. Es tonto, yo mismo estoy desnudo. Nick y Marian tambien se acercan. El mexicano, el que recibimos hacía solo una semana, es el último en venir. Su quijada sobresale hacia fuera y un tic insistente hace que sus ojos se entrecierren en un guiño mientras su cabeza se mueve rítmicamente en un espasmo suave, efecto del Thorazine, probablemente. Me arden los ojos, pero eso no me impide ver el cuerpo desmadejado de Alison, la respiración entrecortada. Es en ese momento en que me doy cuenta que solo trae una camisa rota. Sus largas piernas están cubiertas de moretones, las nalgas cubiertas de estrías rojas, azotada. Un hilo de sangre resbala de entre sus piernas...Aun tiene una sandalia de taco alto, negra, en uno de sus pies. No puedo soportar la asimetría y la descalzo mientras habla entre hipos y sollozos- Michael y... y... su socio... Me golpearon! Se burlaron de mí! Arrancaron mi ropa... y dij... dijeron que... que... que nunca volvería a ser bella...
-Estás cansado...- No era una pregunta. La rubia se acercaba con la tranquilidad de quien se sabe en control de la situación. Es más alta que él. Eso no le desagrada. Le ofrece una copa y los párpados caen suavemente mientras inclina la cabeza, aceptando con una sonrisa cálida. Mientras Michael prepara un par de martinis, siente las suaves manos sobre sus hombros. Se siente extraño... Sabe que la poseerá, que la tendrá toda la noche, que la tomará cuantas veces quiera... Pero en ese momento, solo se contenta con la seguridad que la mujer irradia, su presencia, incluso solo con la mirada de deseo que esos profundos ojos verdes le muestran al girarse y darle el trago.
-Mátalos! - Alison no se queda quieta. mientras habla, Sophia trata de vendar el corte que han hecho en su mejilla. No es profundo y aunque ha sangrado bastante, ya no lo hace. Uno de sus dientes está astillado. Creo que la nariz está rota. No soy médico. Me escapo de ellos y de cosas peores. Por eso estamos aqui...Miro a quien me había cuidado durante casi cuatro años. Lastimada. Rota.- Mira lo que me hicieron. MÍRAME!!! -Las manos, como garras, se clavan en mi piel. Me lastima, pero no me quejo. Una de sus uñas termina de romperse. El ojo derecho se está hinchando, pero aun puedo ver ambos, de ese verde tan particular, destellando de furia
Toma la copa sin dejar de mirarlo. Bebe apenas. Luego, se acerca. "Alison", se recuerda a si mismo mientras la besa, sintiendo el gusto del licor en la lengua que ella, casi tímidamente, pasa sobre sus labios. Las manos ya no pueden controlarse, buscan los pechos de la mujer. Los quiere, no importa si debe romper su ropa. Quiere sentirlos, apretarlos, poseerlos como a toda ella. Pero las muñecas son apresadas, la boca que desea se aleja y la mirada de Alison está fija en él. Una sonrisa divertida. Siente como le separa los brazos, dejándolos abiertos. Por primera vez se da cuenta que el deseo lo ha paralizado. Es ella quien controla el momento quien abre los puños de la camisa. Las uñas de sus manos rozan los músculos de cada brazo, recorriéndolos en dirección al pecho. La tela de la camisa deja escuchar un roce suave y pronto, Alison va descubriendo la piel, subiendo con sus dedos, acariciando los hombros hasta que la camisa resbala hacia el piso...
El lugar ha sido preparado, purificado durante horas. El sótano es iluminado por decenas de velas a mi alrededor. El piso ha sido levantado hace años y la humedad de la tierra se hace sentir en mis rodillas... El carbón arde en el centro y es Alison quien lo mantiene vivo. A traves de las llamas, veo a Sophia, tambien a gatas, escribiendo los signos. Tomo una nueva tiza y dibujo uno de los sellos de los Señores. Todos estamos presentes. Todos hemos sido purificados, lavados... Miro a Alison. Aun renguea al caminar, hace un gesto de dolor. Los moretones de su cara y brazos van mejorando. -Podemos comenzar- digo entonces, terminando el sello de Kasbeel. El pentagrama ha sido dibujado. Nick enciende las velas de los demás... Luego, cada uno de ellos hace arder el azufre de cada una de las puntas donde se ubicarán. La miro. Está nerviosa, puedo notarlo, pero afirma cerrando sus ojos... Tomo la daga y me acerco al primero de los 72 sellos. El filo corta mi piel y un delgado hilo de sangre resbala a lo largo de mi antebrazo, cayendo sobre el dibujo
-Adramelech!!! Señor de los Infiernos, Octavo entre los Sephitots, escuchame, te invoco!!!- Mi voz resuena en nuestro templo. Veo los ojos verdes de Alison dudar, mirar hacia un costado, temerosa. Le sonrío-Michael White!!! Muestramelo, muestrame las tormentas de sus miedos, los temblores de sus noches, la desesperación que gana su alma... Adramelech!, el precio ha sido pagado en sangre!!!
En el lugar cerrado, la brisa nace de la nada y refresca mi rostro. Los colores se confunden, los sonidos se profundizan mientras bailo, caminando hacia el próximo sello...
Los dedos de Alison se apoyan en el masculino pecho y presionan, haciéndolo retroceder. Dos... tres pasos hasta que las piernas de Michael chocan contra el borde de la cama. Se sienta, mirándola frente a él. trata de llegar a la llave de luz, esa parte del cuarto está en semipenumbras y quiere verla... Pero ella no lo permite. Sus dedos juegan con el cinturón, abriendolo... Luego, el cierre del pantalón baja... lentamente. La ve relamiendose, golosa, y se saca los zapatos empujándolos con uno y otro pie. La hermosa rubia se muerde el labio. Ambas manos entre su piel y la tela... En el momento en que pantalón y ropa interior son empujadas hacia abajo, desnudándolo, se oye su suspiro de deseo... De pie ahora, altiva ante él, lo mira y hace que su vestido se deslice al suelo. Desnuda. Perfecta. Se acerca... comienza a besar sus labios... a bajar por el cuello, a recorrer el cuerpo de Michael. Roza con sus dientes uno de los pezones y baja a pequeñas mordidas. Las manos del hombre se meten entre su pelo, impaciente, presionando y...
ella...
ríe...
lanzando su cálido aliento sobre el ombligo...
Estoy mareado... Mi brazo late, completamente enrojecido por la sangre. Han sido cortes poco profundos, pero 72 nuevas cicatrices adornan mi piel ahora. Bailo aun, dirigiéndome al altar. La habitación parece dar vueltas, los párpados me pesan y trastabillo. Noto la mirada preocupada de Sophia. Logra mantenerse en el lugar mientras me detengo un segundo. Y comienzo nuevamente el lento baile. El altar... Dejo la daga. Tengo el brazo contraído contra el pecho. La sangre mancha el mantel. Tomo el cabello. Los cabellos de ambos, unos rubios, otro mechón oscuro, casi negro... Vuelvo al centro. Tiemblo, pero ya lo he logrado. No dejaré que Alison sufra. Sus ojos verdes están clavados en mi. Sabe que es el final...
Arrojo los cabellos hacia el carbón encendido y el olor acre al quemarse invade el cuarto...-Michael White!!! Viktor Lipka!!! Que la prisión envíe vuestros miedos!!! Que los 72 Señores hagan realidad vuestros temores!!! El pacto ha sido hecho!El pacto ha sido hecho!
Las llamas se elevan, remolinean en la habitación. El mexicano se pone en cuclillas, temeroso, Nick estira su brazo tratando de llegar a Marian... Las llamas se elevan... toman formas cambiantes, giran, se acercan. Se acercan a mí!!! Una, dos tres bocas parecen formarse de la nada, En medio del fuego, llego a ver hilos de sangre, espesándose, tomando forma. Las bocas se unen en una y el ser grita, a solo unos centímetros de mi cara. Informe, cambiante, solo veo su mirada, sus profundos ojos verdes de pupilas gatunas fijos en mí...
Luego, las llamas flotan en el aire, buscan una salida. Se pierden en la noche.
Está hecho.
Los labios bajan. Muerde las caderas. El sonido de los pequeños besos es lo único que se oye a medida que comienza a bajar sobre el muslo de Michael. Un beso, un roce de su lengua, las uñas que pasan sobre su vientre, que juegan, presionan, recorren el vello masculino. La mano se cierra sobre el sexo erguido... La boca da una pequeña mordidita en la zona interna de sus muslos y el hombre gime... la espalda se arquea, dejándose llevar por el movimiento rítmico. Estira sus brazos, se aferra a las sábanas y la mano izquierda toca entonces el líquido espeso. Michael suspira, sintiendo avanzart la tibieza de su lengua a lo largo del muslo. Suelta la sábana... lleva la mano encima de su rostro... y ve la sangre, espesa, fría. Se apoya, sorprendido, sobre sus codos. La boca se abre y la mano busca nuevamente el interruptor de la luz. Se estira para atrás y siente esa humedad desagradable bajo sus hombros.
La habitacion se ilumina. Parte de la cama está cubierta de sangre y visceras. En el techo de la habitación ve la cabeza y parte del torso de su socio. Comienza a gritar cuando se da cuenta de qué es lo que han usado como sogas para colgarlos allí. Grita...
Y grita cuando siente la mano que, sin temor alguno, aun se aferra a su sexo. Cuando las uñas como garras se hunden en su piel. Grita cuando vuelve a mirarla y ve que esos profundos ojos verdes siguen fijos en él, que las pupilas se angostan, como las de un gato. Que la boca se ha estirado hacia los costados, que los dientes se alargan, filosos. El aliento hediondo le da arcadas. Grita cuando las mandibulas se cierran, atrapando, desgarrando...
Ya está! Esta es mi entrada para Radiohead... ahora solo falta esperar a finales de marzo. Cuando pienso todo lo que encierra ese cartoncito miserable... ¬¬
Ya era imperdonable que no haya puesto nada de uno de mis grupos favoritos.
Comenzando en el '85 como un grupo de compañeros de secundario, la creciente popularidad de On a Friday en su Oxfordshire natal no evitó que en el '87, al terminar los estudios, se separaran un tiempo. Cuando volvieron a juntarse, en el 91, la banda pasó a llamarse Radiohead. En el '92, sacó su 1º album, Pablo Honey, y llegó el primer tema que los haría fa
mosos (y que generó un gran numero de covers con el tiempo), Creep. Esta canción fué retirada de la BBC Radio1 por considerarsela muy depresiva (obviamente, es la que primero llamó mi atencion) aunque eso no evitó que fuera un éxito allí y en los Estados Unidos. De hecho, fue tan grande el éxito de esa cancion, que el
grupo se sintió presionado a la hora de sacar un nuevo disco. Un desafío que pasaron con altura con The Bends, en el '95.
La historia que cuenta el video Just es simplemente genial. Corta, precisa, con un decidido aire inglés que recuerda el tono de varias peliculas de los '60 y que combina a la perfección con la cancion en la voz de Yorke. Además de ese tema, el album tendría otros exitos, como High and Dry, o Fake plastic trees. Pero el verdadero despegue llega con OK Computer en el '97, donde comienza a verse el interes del grupo por experimentar nuevos sonidos, buscar un rock alternativo con bastante de electrónica. Eso se haría más patente en los siguientes trabajos, Kid A (2000) y Amnesiac (2001), donde la experimentacion con los sonidos electronicos llegaría a limites bastante altos, para horror de quienes esperaban un rock más cercano a OK Computer y The Bends.
Estos albumes fueron producidos en las mismas sesiones de grabacion y lanzados con un año de diferencia, lo que hace que el estilo de cada uno de ellos sea muy similar.
La banda produjo nuevas canciones mientras estaba en la gira de Amnesiac buscando conseguir un sonido que se pareciera más a lo que sonaba "en vivo" sin por eso dejar de experimentar y refinar su sonido electrónico. Llega asi el sexto album de la banda en el 2003, Hail to the thief, con 14 temas y casi una hora de duracion. Mas equilibrado entre la busqueda de nuevas sonoridades y el sonido de sus primeros discos y con el grupo afianzado, hasta relajado luego de una tranquila gira de un año, el grupo se toma su tiempo para el 7º album, que recien aparecería el año pasado.
El día 1 de octubre de 2007, después de casi 4 años de espera, Radiohead anunció en su sitio web que su nuevo álbum, estaba terminado y que podía efectuarse una pre-compra del mismo en formato digital para descarga o en formato físico como envío postal. Esta decisión se tomó sin haber concretado aún ninguna firma discográfica para la distribución de los discos, posible causa del particular método usado. El formato físico del álbum comprende dos CDs y dos discos de vinilo, así como extras en forma de fotografías digitales y librillo de letras. La mayor novedad del otro sistema de distribución, la descarga, ha sido que el usuario-comprador puede poner su propio precio a In Rainbows.
Podía hacerlo, para ser más preciso. A finales del 2007, dejaron de estar activas las descargas. Ahora, acá nomás, a unos meses de distancia, llegan a la Argentina. El 24 de marzo tocan en el Club Ciudad de Buenos Aires. Y ahora, con la entrada a buen resguardo, solo falta esperar... Y mientras tanto:
Otro relato basado en un juego de rol, esta vez en Kult. Lo escribí hace ya casi dos años, para un foro desaparecido, inspirado en una imagen y en la lectura de la derrota de la resistencia judía en el Ghetto de Varsovia... Pondría la imagen, pero se ha perdido en algun formateo de la PC.
El escape
La mujer corría y las niñas apenas podían seguirle el paso. La lucha ya llevaba varios meses, una batalla que sabían perdida. Poco a poco el ejército alemán avanzaba por las calles de Varsovia, a pesar de la resistencia. Pero necesitaban armas! Y alimentos. Los guerrilleros polacos ya no podían conseguir mucho más, y cada día, el General Stropp lograba cortar otra fuente de suministros.. En una esquina, soltó a una de las niñas y comenzó a golpear rítmicamente una de las puertas, no sin antes mirar alrededor. Esta se abrió y entraron rápidamente. En el pasillo, disimulado bajo una gran losa, se encontraba la entrada a las alcantarillas. Un hombre de unos 35 años, los esperaba.
-Entren, rápido – dijo, y luego de que las mujeres pasaron, las siguió. Una linterna las iluminó y un segundo hombre volvió a preparar la trampa en la entrada por si los alemanes habían logrado verlas. Un explosivo casero se activaría si la puerta era abierta desde fuera
-¿Quiénes son?- preguntó sorprendido señalándolas. Aún había niños en el ghetto, pero estas parecían bien alimentadas y sus ropas estaban demasiado limpias.
- Las hijas de Miloch Bruch - dijo la mujer, ante lo cual ambos hombres detuvieron su marcha para volver a mirar a las niñas. Uno de ellos, se agachó para mirarlas ante lo cual agregó – Vamonos de aquí, no creo que tarden mucho en entrar.
Comenzaron el camino hacia el refugio. A veces, mientras avanzaban, se oían las voces de los soldados SS a pocos metros, en alguna cloaca paralela. En cierta forma era tranquilizador, con soldados allí al menos no tratarían de inundar el lugar... Llegaron a una pequeña cloaca por la cual tuvieron que gatear unos cien metros hasta pasar a otra cámara. Las niñas se movían con una agilidad envidiable y pronto tuvieron que volverse a esperar a los demás. Uno de los hombres se quedó atrás, cubriendo el camino.
-¿Están bien?- Preguntó la mujer al salir de allí. Las dos niñas solo la miraron , sin hacer gesto alguno. Nadie hubiera podido decir que eran frías, pero sí eran extrañas. No había expresión alguna en ellas, ni miedo, ni fatiga ni odio hacia sus enemigos... La mujer solo las miró durante unos segundos hasta que tuvo que bajar la vista. En ese momento la llamaron, y aprovechó eso para mirar hacia otro lado. Janos les hacía señas y desde una entrada camuflada, dos hombres se asomaban con sus armas. Habían llegado. En ese momento se escucharon disparos desde donde habían venido. Al otro lado del túnel, el resplandor de las ráfagas dejaba entrever la cara del hombre que había quedado de guardia. Luego, solo hubo oscuridad. Segundos después las voces en alemán se oyeron más cercanas.
Una vez dentro, la mujer volvió a tomar a las niñas y las llevó hacia un grupo de combatientes. Anielewicz estaba inclinado sobre una mesa improvisada alrededor de la cual se encontraba el Estado Mayor judío de Varsovia. Todos volvieron la vista hacia ella.
-Mujer... éste no es el momento para traer niñas aquí, llévalas con el...-
-Son las hijas de Miloch Bruch – dijo desafiante. Todos quedaron en silencio unos segundos, luego el Rabino murmuró unas pocas palabras de la Torá y simultáneamente uno de los jóvenes comenzó a protestar. La mano del joven se levantó, acallándolos. Entonces, como si repitieran una lección aprendida de antemano, las niñas comenzaron a hablar.
-Mordechai, mi padre nos envía para pedirte que lo acompañes, como ya una vez te lo ofreció – dijo una de ellas, tuteándolo con un tono infantil que solo agregaba extrañeza a sus palabras
-El Ghetto caerá, Mordechai. En pocas horas este sitio será barrido por los soldados, solo un motín más reprimido en la Prisión...- No había miedo en su voz aguda
Ante esas palabras, el Rabino comenzó a gritar en Yiddish: -Tu padre está maldito, como maldita está toda su familia! Es un hereje, pervertido por ideas extrañas, alejadas de Yahve!-
Las niñas lo miraron, sin decir palabra. En ese momento el ataque alemán se reanudó. Varias explosiones se escucharon, seguidas del sonido de disparos. Mordechai ignoró por un momento a las niñas, las únicas que habían permanecido impasibles ante el ataque, y se volvió hacia un joven que llegaba corriendo hasta él.
-¡Estamos rodeados!, Los alemanes han entrado al edificio y las alcantarillas están perdidas! – dijo entrecortadamente, luego de lo cual todos los hombres hablaron al mismo tiempo, hasta que Mordechai tomó el control de la situación. Las niñas lo vieron correr hacia uno de los túneles, seguido de los demás. Lo seguían con la mirada, sin entusiasmo alguno, hasta que la mujer volvió a tomarlas de la mano y las llevó a un rincón, junto con los demás niños. Los disparos y las explosiones siguieron, cada vez más cerca Casi dos horas después, Mordechai regresó, con la mitad de sus hombres. Estaba herido en uno de sus brazos, pero seguía dirigiendo a los sobrevivientes. Se acercó a ellas. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto.
- Hace ya mucho tiempo que no veo a vuestro padre...He visto lo que puede hacer...¿Cómo puede asegurarme él que mis hombres estarán a salvo? ¿Cómo hará que salgamos de aquí, o cómo volveremos?. Somos casi 120 personas-
- No hay seguridades, Mordechai. Esto que te rodea – dijo una de ellas mirándolo a los ojos y abarcando con un gesto de su mano a todos los combatientes cansados pero alertas– no pasa de ser simplemente una desobediencia leve. Hay enemigos más poderosos que los nazis...
La otra niña cerró los ojos y sus dedos se movieron sobre el polvo del piso, a ciegas. Luego los abrió y habló mientras señalaba los sefirot que de modo perfecto había dibujado – “Tau” , mi padre no ofrece libertad, solo la oportunidad de seguir luchando por ella. Ël nos ayudará... “Gimel”, pero debes confiar en nosotras, como parte de tu propia revelación. “Aleph” El camino roza la locura, nosotras somos la llave, debes atreverte a cruzar el límite...
El hombre se levantó, mirándolas aun. Luego, fue con el resto del grupo, dejándolas solas. Ellas lo siguieron con la mirada. Casi podía adivinar lo que pasaba por las gesticulaciones del joven, el rabino, las personas que poco a poco iban rodeándolos. Pero las explosiones comenzaron nuevamente, interrumpiendo la discusión. El polvo caía desde el techo debilitado, y los gritos en alemán se escuchaban muy claramente desde varios sectores. Mordechai regresó, rodeado por un grupo de 25 o 35 personas, casi la mitad de ellos, niños.
- El resto seguirá luchando aquí – dijo, sin ahondar en explicaciones. Luego señaló una vieja puerta de metal – Esta es la entrada a otra cámara. La única entrada... si algo sale mal no tendrán escapatoria
-No vendrás con nosotros – dijo una de ellas mientras la gente comenzaba a entrar a la vieja cámara.
Mordechai miró hacia atrás, el Rabino leía la Torá ante un grupo de gente, la mayoría pobremente armada. Más lejos, otros jóvenes de la Resistencia se parapetaban detrás de los escombros. Se volvió entonces hacia las dos niñas, sonriéndoles – Tengo muchas ganas de ver a Miloch nuevamente... solo retrasaré un poco a los alemanes, para mayor seguridad
Durante unos pocos segundos hubo un silencio incómodo mientras ellas lo miraban fijamente. Luego aceptaron su mentira, como habían aceptado lo que las rodeaba desde que llegaran allí: en silencio, sin gesto alguno. Una de ellas sacó un espejo de una bolsa , la otra rebuscó en sus bolsillos sacando algunas tizas. Entraron ante la mirada de Mordechai, que en silencio cerró la puerta tras ellas, trabándola.
En el interior del amplio lugar, observaron atentamente las paredes húmedas, los arcos entre las columnas. Afuera se oían disparos y explosiones de granadas, junto con gritos de dolor. Todos estaban en silencio, llorando mientras una de las niñas dibujaba un circulo en el piso y dentro de él un pentagrama. Luego comenzaron a escribir, enloquecidamente, concentradas en salir de allí. En los momentos de silencio, solo se escuchaba el rozar de la tiza contra el suelo. Comenzaron a golpear la puerta, la cerradura había sido obstruida y trataban de tirarla abajo. Las niñas se descalzaron, poniéndose luego de pie.
-¡Guardianes de la Ilusión! ¡Poderes Malignos! Aléjense de aquí- gritó una de ellas mientras todos comenzaban a mirarla con espanto. Sus gritos atrajeron inmediatamente la atención de los soldados, que redoblaron sus golpes.. La puerta comenzaba a ceder y una de las paredes era golpeada rítmicamente. – Adonai Sebeoth I Namra
La otra niña dejó caer el espejo al piso, dentro del círculo. El suelo quedó cubierto de pequeños pedazos de vidrio. A un costado, la pared comenzaba a ceder mientras se escuchaban las ordenes de los oficiales SS. Parte de la puerta se dobló hacia adentro y un soldado comenzó a asomarse. Las niñas se tomaron de las manos.
-Agraschat Naib I Samora Aziluth Malkut – Gritaron al unísono – MUÉSTRANOS LA CIUDAD DE LOS DIOSES, EL ENORME FOSO, EL CIELO SIN COLOR!!!
Seguían gritando cuando comenzaron a caminar sobre los vidrios rotos, lentamente, sintiendo clavarse alguno de ellos. A su alrededor, la gente lloraba mientras el soldado comenzaba a meter su brazo y a apuntar la ametralladora. Y en ese momento los gritos comenzaron al otro lado de la puerta. Gritos de un terror absoluto. Disparos, un fuerte golpe contra la puerta que volvió a ceder, pero mostrando el cuerpo destrozado del alemán, encajado a la fuerza en el hueco. Las niñas se apartaron, sangrando aun, sin una queja. Desde los pedazos de espejo ensangrentados comenzó a elevarse una niebla oscura, formando un portal a la Ciudad. Una de ellas caminó hacia la niebla y se metió lentamente, desapareciendo. Los disparos ahora terminaban, mientras afuera, los gritos de terror se hacían más fuertes. La segunda niña levantó el brazo, señalando la niebla. Poco a poco, hombres, mujeres y niños comenzaron a atravesarla, temerosos de lo que encontrarían, temerosos de lo que dejaban atrás.
Del otro lado solo llegaban golpes y gemidos. Solo la segunda niña quedaba frente a la niebla. Entonces, haciendo caer un pedazo de pared, la puerta fue arrancada, levantada en el aire por un deforme brazo y descargada sobre un oficial alemán una vez, y otra y otra más. Por el hueco se alcanzaba a ver a un hombre, desnudo, enorme. La piel parecía estirada, los músculos hipertrofiados. Se lanzó contra la pared y ésta, debilitada, cayó, dejando ver por completo el cuerpo. Estaba semiagachado y aun así debía medir tres metros de alto. Sus manos y cara estaban contracturados y los ojos giraron enloquecidos hasta posarse en la niña que ahora, por primera vez desde que llegara, comenzaba a sonreir...
-Padre...- susurró. La extraña criatura la miró, y su boca deforme se contrajo en algo parecido a una sonrisa. Sin dejar de mirarlo, la niña comenzó a entrar a la Ciudad. Luego su padre la siguió...
Björk Guðmundsdóttir. La chica que vino del frío islandés, es otra más en la lista de musicos que elijo a la hora de relajarme. Cantante, compositora, actriz... si algo me atrae de ella es su forma de lanzarse a experimentar nuevos caminos lo que hace que su musica pase por varios estilos, desde el jazz, la electrónica, un rock alternativo... (hasta un grupo punk ha tenido)
La pequeñita Bjork tiene unos antecedentes musicales que podrían intimidar a cualquiera... desde su primer album de covers a los 12 años, haberse recibido de pianista clasica, formar un grupo de chicas punk, un grupo de rock gótico, algunos grupos más, hasta llegar a The Sugarcubes, con el que se haría conocida en Inglaterra. Un album de jazz (Glin-Glo), un par de discos de los Sugarcubes... la separacion del grupo... y la islandesa se lanza con su disco solista Debut en el '93
«Decidí poner en marcha mi propio proyecto y, para eso, cada detalle tenía que ser perfecto. Como yo soy mi propia manager y todo tiene que hacerse con mi nombre, era ridículo hacerlo desde Islandia. Siempre estaba con el teléfono y el fax. No es que vaya de perfeccionista, pero tener gente realmente profesional que te resuelva problemas te quita un peso importante de encima; te simplifica las cosas. Gente que sepa exactamente lo que hay que hacer. Muy buenos diseñadores gráficos, bajos, ingenieros de sonido..., allí puedes encontrar de todo»
Como resultado, se hace conocida internacionalmente a través de uno de sus hits, Human Behaviour, y a partir de ahi, no dejaría de experimentar con nuevas sonoridades, como lo demuestran sus albums posteriores. Llega al extremo de grabar un disco donde todo lo que se oye está hecho a partir de voces, procesadas, sin instrumentos de ningun tipo (Medulla, 2004)
Su último album es Volta (2007) Como actriz, ha ganado el premio a la mejor actuacion en Cannes, gracias al trabajo en "Bailarina en la oscuridad", una pelicula decididamente deprimente de Lars von Trier. Por cierto, a la hora de decidir quien hará sus videos, ha mostrado ser decididamente acertada en la eleccion de la gente con la que trabaja, Michel Gondry, John Kricfalusi (el creador de Ren y Stimpy, con el que hizo un divertido video animado), Nick Knight (el excelente "Pagan poetry"), etc...
Jeje... se nota que me gustan sus videos?, el último por hoy:
Dejaré en mi pequeño refugio, parte de los relatos inspirados en juegos de rol diversos, comenzando con uno de los últimos que he escrito. Inspirado en Vampiro: La Mascarada.
La Búsqueda
“El calor sigue golpeando Kingman, se estima que la máxima llegará a los 42° en el día de mañana. Los incendios forestales del sureste de la ciudad aun no han sido controlados y las pérdidas en las cosechas ya alcanz...” ..........shhhhrrrrrr...... “...nna be your dog! Seguimos cocinándonos en este infierno, esperando esa tormenta que los meteorólogos nos anuncia desde hace días, asi que prepárense para disfrutar mañana de otro día soleado, ideal para tu cáncer de piel! Y mientras piensan en la quimioterapia, los dejo con P. J. Harvey y This is love”
No pude evitar subir el volumen de la radio y comencé a tamborilear con mis dedos sobre el volante del Bel Air. Estaba seguro que todo saldría bien, y me descubrí silbando mientras dejaba atrás una gasolinera. A mi lado, en el asiento, el mapa desplegado mostraba un camino y una serie de puntos marcados. Gallup, Holsbrook, Flagstaff (esa vez estuve cerca). Tomando un marcador con mi derecha, señalé un nuevo punto que esperaba fuera el último. “¡Esta vez te tengo!”. Tenía motivos para estar alegre. Comencé a plegar el mapa pero finalmente lo dejé caer al piso del auto. Sobre el asiento quedaron al descubierto la Colt .45, las estacas, las fotos de sus víctimas.
El cartel indicaba que el “complejo industrial” estaba a unas 12 millas. No decía mucho más, y tuve que recurrir a una vieja guía de la ciudad. Bastante me había costado robarla de la Biblioteca, esperaba que sirviera al menos para algo. “Mmm.. una fabrica de fertilizantes, no... El matadero...demasiado obvio. Productos químicos, frigoríficos, insumos agropecuarios...¡Dios! ¡Esta gente es patética! Viven hundidos en bosta y granos...” En ese momento recordé algo y disminuí la velocidad mientras tomaba las fotos... Las pasé una y otra vez haciendo memoria. Kathy Hutton, Joseph Mason, George O’Keefe, Carlo Manfredi... La lista seguía, pero debía haber algo más. Algo que me evite revisar cada uno de estos edificios. El sonido de la grava aplastada por el lento moverse del auto, era lo único que se escuchaba en el lugar. Por las amplias calles vacías, se veían dos o tres fábricas aún en pie, el resto de los edificios estaba en un total estado de decadencia. Ventanas rotas, puertas desvencijadas...solo faltaba que una bola de paja cruzara el camino frente a mí para hacer de esto el escenario de una mala película de acción. Tenía que encontrar el nexo entre estas ruinas y las víctimas. Una foto, un archivo policial leído.
Hutton, ama de casa
Mason, policia
O’Keefe, ejecutivo
Manfredi...
“O’Keefe... él nació en esta ciudad. Los demás pertenecían al pueblo en que murieron, pero él...”Fechas, datos, debía encontrar lo que lo ligaba a este lugar: 52 años, casado, dos hijos, ejecutivo de una empresa de seguros en Gallup y antes de eso... propietario, otro empresario quebrado...¿Qué era? “Tractores, embaladoras, cosechadoras...”
-Maquinaria Agrícola Kinsell– me dije en voz alta, sonriendo. En el plano, solo unas pocas calles me separaban de ese lugar. Seguía yendo al mínimo posible de velocidad, para no ser escuchado. Doblé a la izquierda. Frente a mí, un enorme edificio ocupaba toda la cuadra. Una gran letra “K” se encontraba inclinada en un ángulo peligroso a unos 10 metros por encima de la puerta. Todo estaba a oscuras. Solo una fábrica abandonada entre fábricas abandonadas.
Tomé el arma, algunos cargadores, las estacas y bajé del auto. La puerta del lugar estaba cerrada. Caminé por el costado, una callejuela oscura en la que se encontraban algunos contenedores de basura. Me llevó unos minutos llegar a la puerta trasera solo para comprobar que tampoco por allí podría entrar. Subí a uno de los contenedores, comenzando a trepar por algunas cañerías, hasta alcanzar una de las ventanas del 1° piso. Estaba cerrada también, pero los vidrios estaban rotos y pasando con cuidado mi mano, pude abrir la traba del interior. La oscuridad me recibió. La pequeña oficina estaba sucia y no había sido visitada en mucho tiempo. Una gruesa capa de polvo se posaba sobre todas las cosas. Legajos, carpetas, un viejo cenicero, todo había sido reducido a un color gris uniforme por el polvo de meses o años.. Salí de ahí, sosteniendo mi arma. Al menos en la parte de oficinas era fácil darse cuenta si había estado o no...habría dejado sus huellas en el piso de la misma forma en que yo las estaba dejando...
Llegué a una puerta doble y la abrí con cuidado. Ahora, frente a mí, se encontraba un enorme galpón, grande como el hangar de un Boeing 747. Una serie de pasillos metálicos, con escaleras que descendían cada 10 o 15 metros a la planta baja, atravesaban el lugar. Sobre mí, una serie de estructuras metálicas diseñadas para sostener y desplazar grandes grúas de carga.. Abajo, cadenas de montaje, servomecanismos inmensos, desmantelados o herrumbrados, tractores (o lo que fueren) a medio construir. Tenía un laberinto por delante, solo era cuestión de recorrerlo y terminar mi búsqueda ...
Comencé por la planta baja y al descender maldije cada uno de los chirriantes peldaños de esa escalera. Sin embargo, seguía sin escuchar nada. “Pero debe ser aquí. Estoy seguro de eso”. Esperaba no estar perdiendo mi tiempo. Avanzaba lentamente. “A este paso, el amanecer estará aquí antes de lo que crees...” pensé. Pero seguramente esa criatura ya había pensado en eso. Al menos hasta el momento, había pensado todos los detalles de sus escapatorias. Dejé de moverme
Un ruido, muy leve...
Luego otro
Y otro más... ¿Un sollozo?
Alguien gemía quedamente, tratando de aguantar el llanto. En unos cuartuchos miserables, mas adelante, había una débil luz. Imaginé lo que me encontraría, pero no por eso bajé la guardia. Fui acercándome. Al abrir la puerta, me agaché. Solo se oyó el rechinar de las bisagras y el llanto creció mientras una voz incomprensible comenzó a decir algo.
-Por favor, por favor no, por favor Diosito, no – se oyó en español. Avancé. En el interior, la mesa estaba volcada sobre el piso, al igual que una linterna, unos papeles, y un hombre. Estaba boca arriba, muerto, como era evidente por los huesos que sobresalían de su pecho. El esternón y las costillas habían sido tomadas y jaladas hacia fuera del tórax . Seguí avanzando hacia la mesa y comencé a correrla. Detrás de ella, se abrieron unos asustados ojos negros mientras otra vez comenzaba la letanía del “por favor, Dios mío”. En el suelo, acurrucada, una mujer de minifalda y blusa escotada empuñaba una navaja en su mano apuntándola hacia mí. Llevaba una mínima cartera y las medias largas y negras no dejaban muchas dudas sobre lo que la había llevado ahí. “Una mala noche para salir a buscar clientes, linda”
-Está bien, señorita – dije en mi pésimo español, ofreciéndole mi mano –Estoy para ayudo.
Ella se lanzó sobre mí. Llorando ahora abiertamente, me abrazó y comenzó a hablar imparablemente.
-Un... un monstruo, tiene que creerme! Le ...le sacó....- entre hipos y lágrimas, me hablaba mientras yo trataba de entender la mitad de sus palabras. La tomé de los hombros, sacudiéndola, pidiendo que se tranquilice y que hablara en inglés. Por un momento se calló y pareció reaccionar, luego comenzó a hablar en inglés –Es... es un monstruo, es enorme y...le... le arrancó ... – se quedó en silencio, mirando el cuerpo del hombre y de repente se volvió contra la pared y comenzó a vomitar. Las arcadas seguían mientras yo miraba por la puerta al exterior. Arcadas y toses se juntaban a un murmullo repetido como un mantra- lo comió... se lo comió, Dios mío. Se lo comió.
Le hice una seña para que me siga y me costó evitar que se agarre a mí. Necesitaba estar libre, preparado. Además, era imposible no escuchar el llanto de la chica... Con un poco de suerte mi presa vendría a acabar con ese “cabo suelto” y yo estaría esperando. Revisé las otras habitaciones. El muerto era un simple sereno del lugar, un pobre diablo que debía vigilar estas máquinas viejas y había muerto por ellas. Un rastro de sangre salía de esa oficina. A la luz mortecina de unas pocas lámparas alejadas, se veían oscuras gotas destacando en el piso de baldosas claras. Había huellas en el polvo, como si además de caminar arrastraran algo, a alguien que estuviera inconciente o muerto.
Sentí la mano de la muchacha en el hombro. Temblaba aun, pero se aferraba como a un protector que no fuera a dejarla desamparada. “No deja de ser extraño que te sientas así”, pensé con sorna recordando a las demás víctimas. En una oficina, pocos metros mas adelante, la luz fallaba, prendiéndose y apagándose intermitentemente. El rastro de sangre seguía hasta allí . Percibí el temblor de la mujer al oírme amartillar el arma. La oficina tenía ventanas al pasillo y por ellas pude verla, vacía salvo por un único escritorio sucio donde un sobre lacrado estaba prolijamente apoyado.
Entré. Era un pequeño espacio, la pared cubierta de papeles, una frágil estantería , con algunos viejos legajos, carpetas... Nada a nuestro alrededor. Cerré los ojos mientras daba unos pasos."Un ciego guiando a otro ciego”pensé, y en ese instante me detuve. Me detuvo en realidad el ligero aroma que ahora sentía y que hizo brillar mis ojos. La cercanía del perfume (el fantasma de su perfume), era la cercanía de mi objetivo.
Tomé el sobre lacrado y lo abrí. Desplegando la hoja de papel frente a mí comencé a leer a la luz inestable del lugar.
Sí. Estás llegando. Te he visto. ¡Estuvimos tan cerca hace un mes atrás! ¿No lo sientes? Ese hormigueo en la espalda, ese “estar alerta” cuando buscas, la expectación del encuentro. Aunque... ¿Deseas encontrarme en realidad? Porque encontrarme es quedar sin objetivo, terminar la búsqueda te dejará vacío. Sé sincero... YO doy un sentido a tu vida. Tengo tantas preguntas...¿Cuando fue? ¿Cuándo te diste cuenta de mi presencia? Te despiertas y me sigues, vives cómo yo. ¿Has encontrado lo que buscabas, la emoción de la cacería? ¿O se ha convertido en un acto mecánico? Sientes lo que yo, has dejado todo atrás, has mentido, has robado... ¿Hasta que punto eres cazador o cazado? Leí lo de la muerte del archivista de la policia... eres cruel, muy cruel. Levanté la vista un segundo. Seguramente algo habría salido en los diarios locales, y ¿Por qué no habría de leerlos? Era inteligente y no por nada había logrado esquivarme hasta el momento. Este es un buen lugar para terminar esto. ¿No te parece? Al menos es tan buen lugar como cualquier otro. Un pequeño laberinto para la lucha del gato y el ratón. ¡Cada nervio del gato se tensa antes de la persecución! ¡Nada hay más peligroso que un ratón acorralado!... ¿No estás emocionado? Terminemos entonces este juego...
“Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti.”
-Nietszche -
-¿Eh?-
-Nada, no es nada – contesté a la chica nerviosa, dándome cuenta en ese mismo instante que me miraba sonreír, sorprendida. Luego, desvió la mirada hacia el escritorio.
-Hay otro papel aquí debajo – dijo. Una hoja sobresalía de abajo de una de esas antiguas máquinas de escribir, y ella comenzó a levantarla con su derecha para sacarla de ahí. Alcancé a ver el finísimo cable que se tensaba insoportablemente, desde la máquina hasta la pared y, al escucharse un crujido me arrojé al suelo. Caí en el piso, debajo del marco de la puerta mientras un ruido sordo, como de una bolsa enorme golpeada fuertemente, junto a un “Ufff” ahogado, era seguido por el ruido de vidrios rotos. Parte de mi cuerpo había quedado asomando fuera de la oficina, y al levantar la vista, en el espacio donde estaban las ventanas, ví asomar toda una serie de afiladas varas de hierro. De tres de ellas goteaba un líquido pardo rojizo sobre los cristales rotos del piso. A lo lejos se escuchó una risa aguda.
Al levantarme y volver a entrar, ví en cuerpo de la muchacha. Un fleje de hierro a la altura del estómago, ayudaba a sostenerla. Las varas habían sido soldadas rudimentariamente y la trampa no era más complicada que cualquier trampa para animales pequeños. La miré. Una lágrima había quedado en uno de sus ojos, sin llegar a caer, y sus dedos temblaban sin control. No le quedaba demasiado. “Cinco segundos, diez a lo sumo”. Pero seguía allí. Quieta, salvo por esos dedos que se movían involuntariamente y una especie de gemido apenas audible. Una, dos, tres veces...
Se acabó.
Salí de allí. Había escuchado su risa y lo de la carta era cierto. Éste era el lugar en donde terminaríamos esto. ¿Dónde estaba? Parecía haber venido de la derecha y hacia allá fui. Solo pasillos descubiertos, ya no más oficinas. Corredores entre máquinas, flejes de hierro como el que había utilizado tirados en un montón, líneas de ensamblajes vacías y entonces la oscuridad y la risa de nuevo.“Ahí estás!” Corrí hacia ese sonido que me atraía, subiendo escaleras mientras miraba a la luz de la luna que entraba por las ventanas rotas. Mi mano apretó la culata del Colt mientras me lanzaba a la carrera atrás del sonido de sus pasos por el piso metálico del corredor.
Un salto, una escalera que ahora aparecía ante mí.
Comencé a subir nuevamente y entonces, uno de los escalones cedió y me aferré a la baranda solo para descubrir que esta también cedía y mi cuerpo comenzaba a caer. Lancé un manotazo hacia el costado y sentí el golpe en mis dedos, la mano resbalar hasta detenerse contra uno de los escalones doblados. Sentí el ruido metálico de los pedazos sueltos al caer contra el piso. Estaba colgando, sostenido por mi izquierda, sin soltar el arma de la derecha. Traté de balancearme, de encontrar un punto de apoyo...¿Cuanto era? ¿Cinco o seis metros hasta el suelo? Y que habría abajo, que habría preparado para mí? No quiero soltar el arma...
Me balanceo y mis pies rozan parte de la escalera metálica. Siento pasos por encima mío y nuevamente su risita divertida. Sin siquiera mirar, gatillo hacia ese lugar y en la fábrica abandonada, cada disparo resuena fuertemente, aturdiéndome. Dos, tres, cuatro disparos que retumban junto al sonido del metal golpeado por las balas o el rebote contra el concreto del techo. Ya no está ahí...
Puedo enganchar el pie y comienzo a subir dificultosamente. Quedo tirado sobre el resto de esa escalera y sé que debo cruzar al otro lado. Retrocedo por el pasillo metálico, buscando otro paso. Me lleva un par de minutos encontrar otro sector por donde cruzar, pero lo hago. Me dejo guiar por el sonido de los pasos lejanos, comienzo a acercarme y nuevamente su risa está allí. Azuzándome, mostrando su absoluta falta de temor o su inconciencia. Vuelve a bajar (vuelvo a bajar), a correr por esos pasillos metálicos (y tal vez lo imagine pero a veces me parece ver una sombra a solo unos metros por delante, pero al apretar el gatillo, el resplandor del disparo ya no muestra nada allí). Me golpeo a veces con alguna máquina a la que no llego a ver en esta semioscuridad y siento golpes delante mío. Ya no hay prudencia en ninguno de los dos, ahora nuestros pasos resuenan, no siento el cansancio, ni el dolor de los golpes, solo existe la carrera enloquecida en que estamos inmersos. Sigo su loca risa mientras una parte de mi mente trata de analizar qué es el otro sonido que escucho, resonando en mi cabeza.
Y me doy cuenta entonces que también yo estoy riendo
El cargador del arma se desliza lentamente a lo largo de la culata hasta que un clic me indica que está en su lugar. Tomo la corredera de la Colt y la destrabo, sosteniéndola entre mis dedos para hacer el mínimo ruido posible. Queda amartillada y con una bala en la recámara. Desde hace minutos, el silencio ha vuelto a apoderarse del lugar. Estoy en la planta baja. Ya no escucho su risa. Ya no escucho nada salvo el sonido débil de mis pasos. Y sin embargo, puedo sentir que está cerca.
Una escalera desciende hacia el sótano. Empiezo mi propio descenso a los infiernos. Oscuridad... El frío de unas luces de neón parpadeantes y débiles a lo lejos me guían. Ante mí, un amplio vestuario abandonado, los azulejos rotos, manchados de herrumbre, polvo y escombros, armarios tirados por el piso con sus puertas retorcidas, el sonido de cañerías rotas, goteando, es todo lo que hay aquí. Salgo del lugar y sigo mi camino. Ahora, hay otro resplandor adelante, otra luz, diferente, cálida. Una música comienza a escucharse, su bajo hipnótico invadiéndolo todo. Seguía sin ver a nadie más, avanzando. Al doblar por un pasillo veo las puertas de una amplia habitación abiertas de par en par. La iluminación proviene de decenas de velas, naranjas, rojas, negras, diseminadas por todos lados. Unas mantas indias estaban pegadas a las paredes, había grandes almohadones, algunos fanales que le daban a la luz un color rojizo. En una esquina un poco de incienso se quemaba, inundando todo con su perfume. ¿Cuanto hace que esto está preparado? ¿Su intención fue terminar aquí desde el comienzo o en algún momento, mientras recorría estos pueblos, decidió que así sería?. Alcanzo a ver uno de los parlantes, disimulado detrás de una cortina y todo me confirma que siempre me esperó aquí. El parlante es nuevo y toda la habitación está limpia, a diferencia del resto del lugar.“Éste es el final del camino. Todo ha sido planeado esperando este momento, es lo que buscabas. Y sin embargo aun no apareces, aun falta algo...”Miro a mi alrededor nuevamente. La iluminación es tenue, las llamas cambiantes de las velas lanzan sombras caprichosas sobre las paredes.
Camino hacia ellas, comenzando a tocar las mantas colgadas, deteniéndome a observar sus dibujos. Pero no salen de lo común, no hay nada especial en ellas. Me fijo debajo, lo que pueden ocultar. Tampoco encuentro nada debajo de la primera.
Ni en la segunda. Todo es ahora parte de nuestro final, ya no hay apuro. Al mirar, lo hago lentamente, como si cumpliera de antemano con todos los detalles de un ritual desconocido. Estoy expectante, sonriéndome mientras aparto la tercer manta.... Me encuentro con la pared, y cada uno de los pasos hasta la siguiente se me hace insoportablemente eterno.
Comienzo a correr la cuarta manta... hay unas puertas debajo...
Mi mano se acerca al pequeño picaporte, comienza a girarlo mientras el arma se eleva, apuntando, y tengo que hacer un esfuerzo para no reír ansiosamente. Las puertas se abren, descubriendo un espacio pequeño, una especie de armario. Frente a mí cuelga una sábana de raso negra, envolviendo algún enorme objeto, y agarrado a ella encuentro algo tan fuera de lugar que me sorprende. No lo esperaba y mi mano se adelanta a tocarlo, a recorrer los tallos. Un cuidado ramo de flores, de rosas rojas, se encuentra allí, como un regalo, una ofrenda. Cada una de ellas, perfecta. Cada pétalo, la forma en que están abriéndose apenas, las gotas minúsculas que reflejan la luz de las velas. Siento esas hojas bajo mis dedos, las recorro hasta llegar a los pétalos, suaves, húmedos, que apenas ceden cuando presiono.
Comienzo a sacarlo, tomándolo con mi izquierda, sintiendo algunas espinas clavarse pero apretando mis dientes, sabiendo que aún hay algo más, y lo dejo a mi lado en el piso. Detrás del ramo, un broche elaborado, de plata y esmeraldas, mantiene la sábana en su lugar. Comienzo a abrirlo, notando un ligero temblor bajo la tela. Mi índice se curva sobre el gatillo, que cede apenas, hasta llegar al punto en que la más mínima presión hará que el arma se dispare. El broche se desengancha, la sábana cae.
Y comienzo a reir
Frente a mí, el cuerpo de un hombre. Sus brazos están pegados al cuerpo, un poco por encima de sus riñones, y las manos y dedos, retorcidos, sin moverse. Las piernas, el cuerpo... No puedo parar de reír. “Es perfecto, simplemente perfecto”. Me encuentro delante de una copia fiel de mi propio cuerpo. Cada músculo, cada detalle. Esa cicatriz que me hice a los 20 años por encima de mi cadera, la de la pierna derecha... todo está ahí, una réplica perfecta. No puedo dejar de mirarlo, es como si la imagen de un espejo se hubiera vuelto corpórea y mis manos buscan el rostro, lo recorren.
-La cicatriz sobre la ceja... ¡Y esa otra pequeña, sobre el labio! –susurro, y mi voz se mezcla con una risa tímida, emocionada, que no puedo evitar. Me doy cuenta del movimiento enloquecido de los ojos, verdes. “Lo único que no coincide”, me digo, admirado por la perfección con que ha reflejado mi rostro. Los labios no se mueven, apenas sí se siente el tragar de la saliva y la respiración agitada. El arma aun apunta a su pecho y él, o eso, porque ya ha perdido entidad, solo me mira, respira, resopla mientras mi risa crece, mira a lo lejos y vuelve a mirarme y a resoplar. Lo sé, aun sin que intente decirmelo, lo sé. Veo el reflejo de mi presa en sus ojos y mi risa es ahora frenética mientras el arma se mueve, pasando por debajo de mi brazo izquierdo y disparando hacia atrás, dos, tres veces, sintiendo el quejido antes de volverme.
Al girarme la veo a unos pocos metros. Pequeña. Mirándome desde su metro sesenta, delgada, hermosa, sosteniendo la mano contra el pecho, mirándosela, manchada de sangre mientras veo en su blusa un par de orificios de bala. Es un momento que parece transcurrir en minutos, como si no pudiéramos movernos, obnubilados por la presencia del otro, y sin embargo son décimas de segundo, los casquillos caen al piso, el arma gira hacia ella, está en posición, nuestras miradas se cruzan. Disparo cuando ella comienza a moverse. Rápido, demasiado rápido. La bala hace saltar el revoque en la pared, y mi brazo la sigue tratando de alcanzarla
Un disparo
(Una manta se agita al recibirlo)
Un disparo
(Una vela salta en pedazos, estoy más cerca)
Un disparo
(Apunto al pecho, pero es el hombro el que es rozado, la campera de jean rasgada por la bala)
Ya la tengo en la mira, pero ella ha llegado y su puño sale disparado hacia delante, golpeando mi brazo, haciendo que el arma vuele hacia atrás. El canto de su mano se lanza hacia mi cuello y mi izquierda lo detiene, mientras tomo impulso y mi rodilla derecha encuentra sus costillas. El golpe la hace retroceder, la golpeo una, dos veces más y detiene el tercero, contraataca y ahora soy yo el que detengo el golpe. Pero el siguiente es demasiado rápido y me hace trastabillar. Un nuevo ataque me hace caer y grito al levantarme y lanzarme contra ella. Agarra mis brazos, un poco por encima de mis muñecas, pero el impulso nos hace caer a ambos. Está sobre mí. Doy un rodillazo en el costado de su cuerpo y se queja, afloja apenas la presa, pero no me suelta y nuevamente está encima, apretando mis antebrazos contra la mullida alfombra negra en la que hemos caído. Sus manos se cierran como si fueran esposas del mejor acero. Vuelve a mirarme, a sonreír, mostrando su boca entreabierta, los colmillos que comienzan a crecer.
Los dedos de mi izquierda rozan algo metálico y reconozco la empuñadura de mi arma. Trato de acercarla lo suficiente para tomarla. Hay deleite y burla en sus ojos. “Mírame. Mira mis ojos, mis labios cerrados de furia” Uno de mis dedos engancha la base del cargador y comienzo a empujar el arma hacia mi mano. "¡Mírame!" pienso y casi al instante me pierdo en sus ojos, en las pupilas que se contraen , en la pasión que reflejan...
Ella ríe, se acerca, casi rozándome con su pálida piel. Sus ojos brillan expectantes, me sonríe y muerde ligeramente su labio inferior, relamiéndose luego. El arma está sobre mis dedos, solo tengo que traerla... un... poco... más.
El índice roza el gatillo, cierro mi mano
Su boca golpea contra la mía, besándome mientras mi muñeca comienza a doblarse, tratando de apuntar a ciegas. Se separa riendo. “Solo un momento más”Entonces vuelve a mis labios y esta vez sus dientes penetran, muerde y todo mi cuerpo se tensa, mientras dejo escapar un gemido. Mis dedos se abren, pero ya no tengo conciencia del arma que ahora cae, definitivamente.
Ella salta por encima de la puerta del convertible, cae sobre el asiento y sacude la cabeza, jugando con su pelo. El ruido del ramo de rosas contra el cuero del asiento trasero atrae su atención y protesta
-¡Ey! ¡Me costó mucho conseguir eso!- Dice molesta, y me encanta ver su carita de enojo.
-Y es sencillamente perfecto - dije, mientras cerraba mi puerta y ponía la llave. El motor arranca al instante -Como todo lo que me regalaste hoy.
Mmmrrr...- ronronea, poniéndose de rodillas en el asiento y envolviéndome en sus brazos. Comienza a besarme, a recorrer mi cara con sus labios –Te extrañaba.
Tambien yo, hermosa- Mis manos acariciaban su espalda, empujándola contra mí, hasta que en un momento los dedos encontraron los orificios dejados por las balas en su campera al salir -¿Te dolió? - Sonrió, aspirando aire mientras sus ojos se abrían- ¡¡¡Sí!!!– contestó en un susurro delirante mientras se subía a horcajadas sobre mí, tomando mi cara entre sus manos , hablándome sin dejar de besar –Mmm... ¿Y... que hiciste... con lo que quedó allá?...
Hice un gesto con mi cabeza. Por las ventanas ya podía verse el resplandor de las llamas. Ella se sonrió y cada beso era más tierno que el anterior
- Mmm... Linda... ¿Sabes que no es fácil manejar ...asi? - Se escuchó un “ajá” murmurado entre besos, y comencé a reír, orgulloso de mi compañera. Mi mano movió la palanca de cambios y nos pusimos en marcha. Encendí la radio, anunciaban “The Passenger” cuando comencé a acelerar - La próxima vez, seré yo quien se esconda...